miércoles, 16 de marzo de 2016

Iker Abal Zabala

NI ETA ESKOLA:

Emocionante, imprevisible, alucinante, increíble…fueron algunos de los sentimientos que tuve cuando me di cuenta de lo que nos había pasado.
Hace cuatro años, en las vacaciones de Semana Santa llego el gran día, el día que todos esperábamos desde hace ya bastante tiempo, el viaje de estudios.
Nos íbamos a Italia, el país de los espaguetis, las chicas guapas y los monumentos gigantes. Nuestros profesores nos decían continuamente: "Aprovechad y aprender un montón de cosas nuevas y tener cuidado y que no os roben". Bendita frase.
Una vez en Italia y después de haber visitado un montón de sitios increíbles como el anfiteatro de Roma, el David de Miguel Ángel o la famosa catedral de Florencia nos fuimos toda la clase a comer a una de las plazas que había por allí. Todo fueron risas y más risas pero en cuento llegamos a nuestro autobús (el que nos llevaba y nos traía a tos los sitios desde el hotel) no dimos cuenta de que las puertas estaban abiertas, sin nadie dentro, con lo cual eso solo quería decir una cosa, ¡nos habían robado!
Recordando la bendita frase  de nuestros profesores empezamos a contar y a mirar cuantas cosas nos faltaban a cada uno. Algunos perdieron gran parte de su equipaje (pantalones, camisetas, zapatillas)  otros, tecnología pura y dura como teléfonos, auriculares, cargadores…En definitiva todos o casi todos perdieron algo excepto yo.
Al llegar a mi sito, donde había ido sentado durante todos los viajes, recordé que había guardado todas mis cosas dentro del autobús, pero no podéis imaginar donde. He de reconocer que siempre he sido un poco "trasto" y "culo inquieto" por eso, esa misma mañana, al aburrirme en el trayecto hacia Roma, guardé mi mochila en una especie de doble techo que tenía el autobús al cual se accedía desde el interior. Los ladrones, no vieron esta trampilla y entonces no pudieron robarme.
En ese momento me sentía tan afortunado de no haber perdido nada que comencé a gritar como un loco de alegría, sin darme cuenta que los demás estaban fastidiados por lo ocurrido. El profesor, un hombre muy sabio y buena persona al que yo admiraba y admiro mucho vino donde mí y me dijo lo siguiente: " Iker me alegro de que no te hayan robado pero hay gente a tu alrededor que lo está pasando mal y necesita que alguien le eche un cable". Me di cuenta enseguida de las caras de mis amigos e intente animar a todos contando unos chistes y riéndome de la situación. Al final resulto efectivo. Todos crecimos un poquito más ese día.
Fue una semana increíble la que vivimos allí, y la repetiría una y otra vez sin cansarme.

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